Es del bardo el corazón
que el sueño me robó,
las tristezas y el dolor
con su dulce canción.
Pero que triste ilusión,
que solitaria confesión,
que ni el viendo la escuchó
por lo atrevido de su amor.
Pero, ¿Qué importa?
ella lo ama...
¿Qué importa?
Ella también le canta.
Mirar el cielo es su afición,
mirar su rostro es mi obsesión.
Tú de las estrellas servidor
regalan en tus ojos su esplendor...

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